¿Reordenación o destrucción?

¿Reordenación o destrucción?

ANA GARCÍA presidenta de la asociación de vecinos de Cabueñes La Pontica

CABUEÑES. Dice la articulista que en 2000 esta singular parroquia gijonesa fue elegida 'Pueblu más guapu de Gijón', aunque «pronto dejará de ser, además de 'guapu', también 'pueblu'», en alusión al llamado Plan Parcial de Urbanización aprobado por PSOE e IU




El pasado sábado, día 31 de mayo, aparecía en EL COMERCIO la noticia de que el Plan Urbanístico de Cabueñes reordenará la 'milla del conocimiento' con una alusión a la «importante contestación vecinal» que está recibiendo.

Creo que esta afirmación puede ser malinterprada y requiere una aclaración. Muchos vecinos de Cabueñes, entre los que me incluyo, no nos oponemos en absoluto a un crecimiento ordenado de la parroquia.
Ahora mismo, el hospital está creciendo y ninguna queja se ha emitido por parte de los vecinos, a pesar de los naturales inconvenientes derivados de las obras. El Parque Tecnológico también crece, pero el Ayuntamiento, hasta ahora, ha tenido el máximo cuidado en que se haga de forma armónica e integrada con el entorno, especialmente con la Laboral, y tampoco los vecinos hemos emitido objeciones. La propia Universidad Laboral, el campus universitario y el Jardín Botánico se mejoran constantemente y hasta ahora tampoco han merecido observaciones negativas.

En una palabra, la mayoría de los vecinos de Cabueñes no sólo no nos oponemos al desarrollo y mejora del entorno de la parroquia, sino que lo felicitamos y reconocemos cuando éste se realiza de forma armónica y sostenible.

Pero con este Plan Parcial de Urbanización que ha aprobado el Gobierno del PSOE e IU del Ayuntamiento de Xixón, el pueblo de Cabueñes, que fue elegido en el año 2000 'Pueblu más guapu de Xixón', pasará pronto a dejar de ser, además de 'guapu', también 'pueblu'.
Resultaría difícil para una mentalidad europea entender esta denuncia. Cualquier viajero que recorra la campiña francesa, los cuidados pueblos alemanes, los países nórdicos, se acostrumbra pronto a ver natural su homogeneidad, el cuidado con que se conserva su patrimonio, la armonía de sus edificaciones. No creo que sea una cuestión de leyes ni normas, creo que es, simplemente, una cuestión de educación, de cultura. He visto pueblos enteros, destruidos cuando la guerra, que luego fueron restaurados siguiendo los mismos patrones arquitectónicos y estilísticos de antes de la destrucción.

Sin embargo, esta situación constituye una excepción en España. Siendo como es uno de los países más ricos y variados en patrimonio histórico, artístico y natural, se destruye constantemente y sin miramientos. Quizás el ejemplo más significativo es el de la costa mediterránea, pero esto, más que la excepción, por desgracia, es la norma. En todas las comunidades se pueden citar barrabasadas urbanísticas, destrucciones irreparables.
En situaciones, quizás excepcionales, los poderes públicos están también implicados en el destrozo con corrupción y mafia, pero no es necesario acudir a Marbella para lo que estamos denunciando. En muchos otros lugares se hace el mismo daño desde la legalidad, con planes urbanísticos desconsiderados pero aprobados por gobiernos elegidos democráticamente.

En Asturias tampoco somos una excepción, las presiones para acabar con la costa, para urbanizar sin miramientos, son muy poderosas. Tienen que ser los propios vecinos, ante la inactividad de los poderes públicos, cuando no con su participación cómplice, los que tienen que movilizarse contra proyectos urbanísticos destructivos, a veces manifiestamente ilegales. Llanes, Cuideiru, Villaviciosa o el Cabu Peñes son claros ejemplos.
Pero, como digo, tampoco es cuestión de legalidad; en Uviéu tienen que ponerse los vecinos en pie de guerra porque les entierran la catedral bajo unos terroríficos rascacielos y al Ayuntamiento de Xixón, para no ser menos, no se le ocurre otra cosa que planificar unas torres, tan gigantescas como innecesarias, como alternativa al soterramiento de las vías del tren. Como si Xixón no perdiera población, como si no se hubiera aprendido de las especulativas y nefastas edificaciones del Muro.

Y lo mismo pasa en la zona rural. Se planifica su urbanización y destrucción sin medida, sin justificación. Vega, Granda, Castiello, Roces, Xove... todo caerá bajo las hormigoneras y las asfaltadoras sin causa ni razón, con premeditación y alevosía, cambiando para ello las leyes que sean necesarias, atentando contra las estructuras tradicionales, contra la biodiversidad del medio y en contra de la opinión y manifestaciones de los vecinos.

Cabueñes es un pueblo singular de Xixón, aunque todos los pueblos son singulares, pero lo más característico de Cabueñes es, para mí, su carácter abierto. Dicen sus vecinos, con cierta fanfarronería socarrona característica de buenos xixoneses, que Cabueñes es el principio y el fin de todo Xixón, pues todos los xixoneses pasan por su hospital, al menos para nacer, y todos acaban pasando al fin por su tanatorio o de camino al cementerio en Deva.
Cabueñes es de todos, pero este Cabueñes tiene los días contados. Algunos grises cerebros grises han planificado que sea desarticulado por una enorme carretera urbana de alta densidad de tráfico de cuatro carriles en forma de 'bulevar'. ¿Qué pintará un bulevar en un entorno rural? ¿Por qué una carretera urbana con cuatro carriles tiene que atravesar un pueblo, justo pegando a su iglesia y a su centenario colegio? Si realmente fuera necesario un nuevo acceso viario, pues no hay estudios que lo justifiquen, ¿no habrá otras soluciones, otras alternativas?

Pero lo peor no será la 'carreterona', sino la urbanización de bloques de edificios que van a construir a su lado. Un verdadero muro de pisos cortando el paisaje, distorsionando el entorno. Acaso la injustificada carretera es la que justifica esta urbanización. Y nos toca una vez más a los vecinos y amigos de Cabueñes, ante el silencio o la complicidad de las autoridades que nos representan, denunciarlo y exigir comprensión y respeto por lo que es de todos, por cultura y por educación, por sensibilidad.





Tribuna publicada en EL Comercio el 7 de junio de 2008