Corrupción en Asturias

OPINIÓN CARTAS
Corrupción en Asturias

J. JESÚS J. SUÁREZ GONZÁLEZ

Lo que nos espera de aquí a mayo... Cada día tenemos un sobresalto en Asturias; no sólo vamos a ser la región donde puede haber una verdadera catarsis electoral en primavera, con la irrupción del nuevo partido de Cascos; también, si los jueces se ponen a ello, podemos ser un foco de atención de la corruptela nacional.

Si todavía hay algún ingenuo que piensa que el 'caso Renedo' es un asunto aislado dentro de la fauna política que ha tenido y tiene responsabilidades en el Gobierno del Principado y en los ayuntamientos, se equivoca.
No vamos a decir que todos los cargos públicos de esta comunidad son corruptos, porque no es cierto, pero los que se mueven entre bastidores de las administraciones saben que hay cosas muy gordas que, si se investigan a fondo, pueden dar con los huesos en la cárcel de mucha gente.
Va siendo hora de que la Justicia aclare cuáles son las propiedades de los políticos que nos gobiernan y de sus familiares más próximos y si su titularidad está en consonancia únicamente con los ingresos que declaran.

La corrupción en España está generalizada y Asturias no podía ser un caso aparte.
El fenómeno del ladrillo no ha tenido aquí tanto protagonismo como en otras partes, porque en esta tierra se ha edificado mucho menos y las 'mordidas' no han tenido un carácter tan extendido y tan grosero.
Pero existen no sólo por parte de ese sector, como estamos viendo.

Uno de los escándalos más sonados fue el 'asunto Blanco' y la recalificación de la famosa finca de Cabueñes por el que, aunque parezca increíble, nadie ha dimitido, aunque Ovidio Blanco era arquitecto jefe en el Ayuntamiento de Gijón.

Pero yo tengo la sospecha de que esos 600.000 euros que se llevó crudos son el chocolate del loro en comparación con otras cosas que aún no han salido a la luz.
Los delitos, quede claro, no son sólo por llevarse el dinero a casa; también por actividades no lucrativas pero al margen de la ley.

El poder socialista en Asturias se desmorona y muchos de los que han realizado pingües negocios a su sombra están desconcertados.
No sería extraño que los jueces empiecen a no dar abasto para escuchar a tanta 'garganta profunda' arrepentida. Menos mal que todavía nos queda la Justicia.


Publicado en El Comercio el 3 de febrero de 2011